En Corrientes nos volvimos a abrazar

Durante tres días, Corrientes fue escenario de debates, intercambios y acciones impulsadas por el movimiento de mujeres y LGBTIQ+. El 38° Encuentro Plurinacional funcionó como un espacio de construcción política colectiva donde se pusieron en común diagnósticos, tensiones y estrategias frente a un escenario de disputa abierta por derechos, políticas públicas y condiciones de vida.

 

Corrientes fue el territorio donde esa certeza volvió a tomar forma. Con reivindicaciones históricas y demandas antifascistas urgentes, el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, intersexuales y no binaries llegó al litoral para encontrarse, debatir y ocupar el espacio público. Durante tres días, la ciudad se transformó en un mapa compartido de recorridos y discusiones: escuelas abiertas para los talleres, plazas como puntos de reunión, la costanera como lugar de paso y encuentro. El Paraná acompañó esas escenas con su presencia constante. En territorio guaraní, la alegría de luchar volvió a hacerse presente, no como consigna vacía, sino como experiencia compartida.

El Encuentro se sostuvo en una dinámica de intercambio continuo que combinó espacios formales de discusión con conversaciones que se extendieron más allá de los horarios previstos y los lugares asignados, reforzando su carácter colectivo y situado.

Las discusiones estuvieron atravesadas por preocupaciones concretas: el trabajo, la precarización, las violencias, el ajuste, la criminalización, la defensa de los cuerpos y de los territorios. Hubo instancias de articulación entre trabajadoras formales, informales y precarizadas, debates sindicales feministas y conversaciones sobre el impacto de las políticas económicas en la vida cotidiana de mujeres y LGBTIQ+, especialmente en los sectores más expuestos a la pérdida de derechos y a la inestabilidad laboral.

En ese entramado más amplio, el Parque Camba Cuá fue uno de los espacios de concentración política. Allí se realizó la Asamblea Feminista del Abya Yala, donde confluyeron voces indígenas y comunitarias llegadas no solo desde distintos territorios del país, sino también desde otras latitudes. Defensoras de la tierra, del agua y de los territorios compartieron denuncias sobre persecuciones estatales, violencias estructurales y prácticas extractivistas, poniendo en común una mirada que enlaza cuerpo, naturaleza y comunidad como parte de una misma disputa política.

Desde Incidencia Feminista participamos del Encuentro como parte de esa trama organizada que sostiene al movimiento. Compartimos recorridos, diálogos y acciones junto a organizaciones y activismos de todo el país, reafirmando que el Encuentro no se construye por inercia ni por espontaneidad, sino a partir de vínculos, acuerdos y prácticas colectivas que se sostienen en el tiempo.

La marcha final condensó gran parte de lo vivido durante esos días. Banderas, pañuelos y consignas compartidas recorrieron la ciudad en una movilización que volvió a poner en el centro las demandas del movimiento en su diversidad. Marchamos junto a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y junto a organizaciones compañeras, reafirmando alianzas históricas y construcciones colectivas que se sostienen en el tiempo.

En ese marco, el reclamo por la libertad de Paola Ortiz también estuvo presente. La participación de Incidencia Feminista en el pañuelazo y en las acciones colectivas impulsadas durante el Encuentro forma parte de un compromiso sostenido para exigir respuestas al Poder Judicial frente a la criminalización de emergencias obstétricas. Una demanda que atraviesa al movimiento y que continuará ocupando el espacio público y político.

En 2026, Córdoba nos espera. La próxima sede vuelve a abrir preguntas y desafíos para un movimiento que no se repliega cuando termina el Encuentro, sino que continúa elaborando debates y estrategias en cada territorio.

Corrientes dejó imágenes, debates y afectos, pero también preguntas abiertas. El Encuentro no ofrece respuestas cerradas: habilita discusiones, incomoda certezas y renueva la potencia de un movimiento que no es homogéneo, pero sí profundamente político. Un movimiento que discute condiciones materiales, violencias, salud, trabajo, justicia y autonomía desde los territorios.

Al cierre, quedó una certeza compartida: la organización sigue siendo la principal herramienta para sostener derechos y construir horizontes colectivos. El Encuentro Plurinacional volvió a demostrar que el movimiento feminista se encuentra, se reorganiza y persiste, aun en contextos hostiles, haciendo de la calle, del cuerpo y del territorio espacios centrales de disputa política.